Adornos

Adornos

Esos adornos que ya no nos encantan, no sabemos dónde reubicar, o simplemente preferimos el espacio vacío, pero no podemos regalar.
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  • De chica era muy “adornera” , si alguien me preguntaba qué regalarme o tenía un peso: quería adornos para mi habitación.

  • Tengo éstos 4 bustos hace mil años. De cuando tenía 20 años o menos.

  • Me gustaban mucho los maniquíes/ bustos para decorar, tanto en tamaño real como en miniatura. Era mi objeto fetiche.

  • Después de años, lo cambié por las sillitas miniaturas, y ahí me quedé.

  • Me mudé algunas veces, y de éstos 4 bustos, no sé por qué, no me pude desprender.

  • Cada vez que me agarra el ataque de tirar todo: les clavo la mirada y pienso: llegó su fin. Son para decorar el cuarto de una niña, no me suman nada, sólo ocupan lugar.

  • Los agarro, los miro, me imagino regalándolos y los vuelvo a apoyar donde estaban. A lo sumo, los cambio un poquito de lugar.

  • Estoy contando el opuesto a lo que yo predico no? A ver: regalo de todo todo el tiempo, sin embargo, también siento afecto por objetos que hoy no volvería a comprar pero marcaron una etapa de mi vida.

  • Entonces, llegué a esta conclusión: cuando el afecto y el cariño es muy fuerte y no podemos deshacernos de algo, tenemos que pensar en regalárselo a la persona que más feliz haríamos en el mundo con éste objeto.

  • Porque cuando el regalar no tiene que ver con la caridad sino con objetos sentimentales, nada mejor que dárselo a quien realmente lo quiera tanto como lo quisimos nosotros alguna vez.

  • Como Toy Story.

  • Así que hoy, después de mirarlos por un buen rato, supe a quién le voy a regalar mis bustos de una vez y para siempre